Telefonía móvil y salud en Canarias

Dos años y medio atrás, en el número 303 de esta publicación, se denunciaba que el avance del PIOLP estudiaba de forma superficial la ubicación de las antenas de telefonía móvil. Asimismo trasladaba la queja de los vecinos de los barrios capitalinos de Timibúcar, San Sebastián y Calcinas por la instalación ilegal de antenas de telefonía móvil en la azotea de una vivienda de la carretera de Timibúcar. Seis meses después, en su número 315, se daba cabida una vez más a la denuncia vecinal sobre la situación que se vivía en la capital de la isla, el número y situación de las mismas y se incidía en la indiferencia y el dejar hacer del regidor municipal.

A sólo jornadas del cambio de década y ante la reiterada inacción de la fuerza política gobernante y porque, aunque en las sombras, algo sí ha cambiado creemos necesario retomar esta vía para que las denuncias no mueran en el olvido.

Recurriremos a algunos de los más recientes estudios que nos ayuden a arrojar luz y salir de la confusión existente en relación al tema que nos ocupa porque reproducir o sólo enumerar aquí la ingente cantidad, el compendio inacabable, de estudios en los que queda patente el perjuicio que para nuestra salud y la de los seres vivos acarrean las radiaciones electromagnéticas sería impensable y abrumador.

En junio pasado vió la luz el de Alfonso Balmori realizado sobre animales “Efectos de la telefonía móvil sobre los renacuajos de la rana común: la ciudad convertida en laboratorio”, se valió para ello de los anfibios por ser fiables bioindicadores, es decir, son los animales ideales en los que evaluar el estado del medio ambiente para el desarrollo de la vida. Tomó dos grupos de huevos de rana que examinó y controló durante dos meses, desde la fase de huevos hasta la fase avanzada de renacuajo (antes de su metamorfosis).

Situó el primer grupo en un lugar ubicado entre varias antenas distantes 140 metros. Se apreció una clara afectación en la coordinación de movimientos y un crecimiento asincrónico (unos muy grandes y otros muy pequeños) y su mortalidad se elevó al 90%.

Mantuvo al grupo de control aislado de la radiaciones electromagnéticas. Observó que entre los ejemplares de este grupo los movimientos eran coordinados y su crecimiento sincrónico y su mortalidad del 4,2%.

El International Journal Of Occupational and Environmental Health acaba de hacer público el trabajo conjunto del neurocirujano australiano, Vini Dhurana, y el oncólogo sueco, Lennart Hardel, “Evidencias epidemiológicas de riesgos para la salud de las antenas y estaciones base de telefonía móvil” que constatan por enésima vez lo pernicioso de la radiaciones electromagnéticas para nuestra salud; y que las actuales normas distan mucho de ser suficientes para proteger a la población. Se observó la prevalencia de síntomas adversos. Neurológicos, neuroconductuales y de cáncer en poblaciones que vivían a una distancia inferior a 500 metros de distancia de una antena de telefonía móvil. Si bien no puede ser el único factor a la hora de establecer la posible incidencia de la radiación electromagnética sobre la salud. Hay que considerar la cantidad de antenas, su configuración, la absorción y la reflexión de sus emisiones debidas a obstáculos (edificios, vegetación, accidentes geográficos, etc.); y otras fuentes de radiación (generadores de Unelco-Endesa, tecnología Wi-fi, líneas de alta tensión, etc.) y guardar especial atención al número de años en que se haya estado expuesto a sus efectos; siendo, en este aspecto, concluyente el trabajo de Enger quien examinó los resultados entre personas que habían vivido durante una década a una distancia de hasta 400 m de una antena de telefonía cotejando que el número de casos de cáncer se disparaba.

Sencillamente demoledoras son las conclusiones del realizado en la ciudad brasileña de Bello Horizonte, publicado en Nature hace cuatro meses que pone en evidencia que más del 80% de las personas que había muerto por diferentes tipos de cáncer vivía a menos de 500 metros de distancia de una de las 300 antenas censadas en la ciudad; donde también se detallaba que la legislación sobre los límites de emisión de la radiación electromagnética más obedece a intereses económicos que a los de salud.

A todos estos estudios independientes, las empresas suministradoras y de servicios relacionadas con esta área contraponen los otros “supuestos” estudios que en la mayoría de los casos se resumen en la compra de una firma que añadir a un estudio ya elaborado por las mismas empresas contratantes para evitar perder una gran parte de su pastel económico.

En suelo patrio quizás el caso más sonado haya sido el de Brenes en Sevilla. Localidad que registra un constante aumento de casos de cáncer y enfermedades degenerativas que además hacen su aparición en edades muy tempranas. Allí no existen industrias, centrales nucleares ni ningún otro tipo de instalación que pudiera ser causante de lo que sucede por el contrario sí hay 21 repetidores de telefonía móvil junto al patio de un colegio y otras tres situadas a 100, 200 y 600 metros de la anterior. Por si fuera poco a 100 metros de la primera está también instalado un centro de transformación de la empresa que distribuye la energía eléctrica “Sevillana de Electricidad”. Hay más de 100 vecinos afectados de distintos tipos de cáncer, sarcomas, leucemias, linfomas, etc., y muchos más que viven en las inmediaciones de la instalación sufren enfermedades degenerativas, esclerosis múltiple, fibromialgia, cefaleas crónicas, insomnio y diferentes alteraciones nerviosas, alcanzando a un 2% de su población. En la acera frente a la antena en la casi totalidad de las viviendas hay al menos un enfermo y no es extraño el caso que hay más de un afectado por vivienda. Su lucha por la erradicación lleva nueve años, pero ahora cuentan con el apoyo de toda la corporación municipal para regularizar la instalación de las antenas, número, ubicación, etc. previa aprobación de una ordenanza municipal que impide su instalación en las inmediaciones de centros sensibles: colegios, geriátricos, centros de salud y a menos de 600 menos de zonas residenciales. La corporación municipal pidió la revocación de la licencia antes concedida para su instalación y la inmediata retirada de la antena a lo que Telefónica se negó recurriendo a los juzgados. Ante las protestas vecinales, la pérdida de imagen que supondría para la empresa con su consiguiente pérdida de clientes, y el apoyo político conseguido Telefónica claudicó y dio comienzo un periodo de negociaciones entre las partes para proceder a su retirada y reinstalación en una zona no perjudicial para la población.

El 23 de octubre último la prensa se hacía eco de las quejas de los vecinos de El Sobradillo en Tenerife que dan cuenta de que los daños afectan, incluso, a sus mascotas.

En la capital insular las antenas siguen ocupando el mismo lugar que hace dos años y medio, el limbo de la legalidad, y no se propone su traslado a zonas despobladas. «Emiten en diferentes potencias sin que sepamos siquiera si cumplen el mínimo legal establecido porque son ilegales y nadie controla sus emisiones y desde distintas distancias y el “barrido” que efectúan con sus radiaciones afectan muy especialmente a niños y ancianos, no quiere esto decir, que no exista confusión al respecto, que el resto de personas no son inmunes a los efectos del electromagnetismo».

Hace unos años ante la intención de la empresa de cambiar las antenas de la calle José López los vecinos de las calles colindantes se movilizaron a tiempo y lo impidieron. El pasado mes de septiembre, en lugar de ser retiradas, dichas antenas fueron cambiadas sin la oportuna licencia. Aunque sí fueron “asesorados” en un edificio municipal para que nos dieran el cambiazo al remozar y pintar la fachada porque con el movimiento de andamios, trabajadores, pintura, etc. pensaron nadie repararía en ello. Sus restos, que se suponen residuos clasificados, y las cajas de cartón que contenían la nueva antena permanecieron durante semanas junto a los contenedores de basura ordinaria, en la esquina de la calle. Esto y la enorme antena instalada en el recinto portuario es lo único que ha cambiado en medio lustro. El Cabildo que promociona el turismo de senderismo no insta al consistorio a la retirada de la “sembrada” en el primer kilómetro y literalmente en medio del sendero PR-LP-2 “Ruta de Los Molinos”, y el Ayuntamiento tampoco toma la iniciativa. Sin embargo aún no está claro cuál fue el motivo real que impidió la instalación de la antena en la Carretera de Las Nieves que no ha sido válido y de aplicación al resto de la población. Se especula de que no se trata de un acto más de la errática política desarrollada por el gobierno municipal sino que hay otro tipo de interés o será sólo casualidad que el propietario de los terrenos donde preveía ubicarse la de Ctra. de Las Nieves tenga ideas no afines al grupo gobernante.

En vista de la inacción podría deducirse que no ha quedado suficientemente clara la situación y se impone traducir a cifras lo expuesto para hacerlo visible. La población de S/C de la Palma está expuesta según la calle o el barrio donde resida al efecto de una o más antenas de telefonía móvil por lo que vivir en uno u otro lugar lleva consigo el gozar o no de salud, creando nuevas demarcaciones municipales, las zonas saludables y las perniciosas que generarán, de forma inevitable, nuevas sub-demarcaciones económicas, de zonas con inmuebles apreciados y otras que se depreciarán produciendo el empobreciendo de sus propietarios. En el siguiente cuadro puede verse que antenas actúan sobre determinados centros públicos y oficinas que registran una gran afluencia de personas y desde que distancia lo hacen.

Si está demostrado que todo ser vivo que se sitúe en un radio de 500 metros de la antena de telefonía móvil, aún limitando sus emisiones al mínimo legal establecido, sufre efectos perniciosos en su salud ¿Qué pasa con todos los centros que recoge el estadillo que distan menos de 10 veces esa distancia sobre los que no se sabe cómo están emitiendo las antenas por ser ilegales y no estar controladas sus emisiones en ningún momento? ¿Y con los residentes en la calles afectadas por su exposición sin tregua? ¿Y con los enfermos del Hospital de Los Dolores? ¿Qué pasa con los niños que jueguen en el Parque Infantil? ¿Qué con los ocho centros educativos situados  en su radio de acción? Y los trabajadores, en especial, los de la administración pública al concentrarse en gran número dentro del área señalada, guardería, área de salud, colegios, institutos, el hospital, y en las oficinas de atención al público en la zonas afectadas ¿Qué intereses se protege al mantener esta situación?. Se silencia, tratando de restar importancia y de minimizar el número de casos de cáncer que se presentan en personas que ingresan en el Hospital de Los Dolores por otros motivos de salud y a las que durante su estancia se les desarrolla un carcinoma. Carecemos de las estadísticas, guardadas bajo siete llaves, de la prevalencia/incidencia de los diferentes problemas de salud que pueden motivarse y que tienen relación directa con este tipo de instalaciones, pero no somos ajenos a las dolencias de los vecinos habituales. Cualquiera puede confeccionar su propia estadística tomando como referencia su calle o su barrio. Así sobre el centro neurálgico de la capital -cruce de la Avenida del Puente con la Calle Real- sobre las personas que viven y lo transitan están interaccionando, al menos, tres antenas visibles y censadas todas ellas situadas a una distancia muy inferior a 500 metros.

La antena instalada en medio del PR-LP-2 “Ruta de Los Molinos” afecta a la zona alta de la avenida El Puente, Barriada del Pilar, Colegios Santo Domingo de Guzmán y Velhoco. Dista 550 metros de las instaladas en las antiguas antenas de Telefónica y la red de alta tensión pasa a escasos cientos de metros de ésta última, por lo que la población de la zona está expuesta a su radiación e interacciones, en un radio de 150 metros se encuentran el colegio, la casa de cultura, un restaurante y la iglesia de San Vicente puntos todos ellos de afluencia de personas.

Los países más avanzados han tomado la iniciativa para elaborar legislaciones menos permisivas.

En abril de 2009 el Parlamento Europeo instó a la Comisión Europea a la revisión de los fundamentos científicos y los límites recomendados -Recomendación 1995/519/CE- para los campos electromagnéticos al haber valorado el Informe BioInitiative, 2007, resumido en dos puntos:

–       Con los conocimiento acumulados puede afirmarse que los campos electromagnéticos inciden deforma negativa en la salud y son causa de muchas patologías.

–        Se aprecia la necesidad urgente de la adecuación de la legislación a la luz de las nuevas investigaciones. Los estudios son lo suficientemente claros para merecer el establecimiento de medidas preventivas de protección de nuestra salud y la aplicación efectiva del Principio de Precaución.

En España el 27 de abril último la Sala Tercera del Tribunal Supremo reconoció legitimidad a los ayuntamientos para exigir normas de seguridad más estrictas, es decir, pueden elaborar Ordenanzas que contemplen subir los límites mínimos recomendados estableciendo otros más seguros para sus emisiones, fijar la distancias respecto a zonas habitadas y cualquier otra condición para su conceder su instalación o denegarla.

Se ha desconsiderado a los vecinos denunciantes y se han echado todo a guasa mientras continúan jugando con nuestra salud y de la nuestros hijos. Una decisión de tan profundo calado bien merecería un referéndum municipal porque debe ser el ciudadano una vez tenga acceso a una información veraz, sin sesgo, el que tenga la última palabra para elegir en libertad y responsabilidad, pero el desinterés del gobierno municipal por la vida pública y el bienestar de los vecinos se ha puesto demasiadas veces en evidencia a lo largo de esta legislatura. Al igual que un día lo fue la empresa de fundición existente dentro del casco urbano ahora lo son estas antenas contra las que nadie quiere actuar. Se les acusa del abandono en el que tienen sumidos a distintos barrios del municipio porque el abandono, la desidia, la poca vergüenza, es también visible en todos los ámbitos de la vida pública capitalina y es que pierden fuelle y se desgastan en asuntos de índole particular, familiar y personal “caso KEC”, “caso vivienda de Velhoco”, “caso Mutua de Accidentes”, “caso Informática” restando el esfuerzo necesario a la “red pública” en tanto la mayor parte de la población de Santa Cruz de La Palma vivimos cual ranas del experimento de Balmori, entre varias antenas de telefonía móvil soportando todos sus perjuicios y el menoscabo de nuestro bien más valioso, nuestra salud.

Esperanza Balmori

 

Fuente: http://www.lavozdelapalma.com

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